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El estrés o traumas durante la gestación y las fuerzas de compresión durante el parto pueden causar desequilibrios en el sistema craneosacral del niño. Hasta en los partos más naturales y libres de problemas, la presión de la cabeza del niño sobre la base pélvica durante las contracciones comúnmente crea compresiones en la base del cráneo, las cuales a su vez afectan al sacro.

Estas distorsiones tienden a resolverse de manera natural en los días o semanas después del parto; pero en muchas
ocasiones no ocurre asó. De este modo, el trauma contenido en el cuerpo del bebé puede producir un amplio abanico de síntomas, tales como inquietud e intranquilidad, problemas de succión, cólicos, problemas en el desarrollo e incluso lesiones en el cerebro.

Estos patrones traumáticos a menudo permanecen durante toda la infancia y la vida adulta, produciendo una amplia gama de disfunciones posibles como depresión, migraña, sinusitis, dolor de columna y contribuyendo al debilitamiento del estado general de salud. Un reconocimiento de desequilibrios craneosacrales en los bebés es altamente recomendable; puede ser muy útil en la prevención de problemas que se manifestarían más tarde en la vida.